Los demonios
Los demonios —La verdad es que tampoco les haces mucha falta. Se trata más bien de halagarte y congraciarse asà con Varvara Petrovna. Pero, naturalmente, no te atreverás a negarte. Es más, creo que lo estás deseando —Piotr Stepánovich sonrió maliciosamente—, todos los viejos tenéis una ambición infernal. Pero, escucha, procura que no resulte muy aburrido. Tienes por ahà algo de la historia de España, ¿no? Déjame echarle un vistazo tres dÃas antes, porque si no lo mismo nos dormimos todos.
La abrupta y descarnada rudeza de tales pullas era evidentemente premeditada. Piotr Stepánovich daba a entender que con Stepán TrofÃmovich no era posible emplear otro lenguaje y otros conceptos más refinados. Éste seguÃa firmemente empeñado en no darse por enterado de los insultos. Pero la noticia le producÃa una impresión cada vez más abrumadora.
—Y ¿ha sido ella, ella misma la que ha pedido que el mensaje me llegara a través de… usted? —preguntó, poniéndose pálido.