Los demonios
Los demonios —Todas. Pero, claro, ¿cómo iba a leerlas todas? Uf, la de papel que has emborronado, yo dirÃa que hay allà más de dos mil cartas… No sé si sabes, viejo, que hubo un momento, en mi opinión, en que ella estaba dispuesta a casarse contigo… ¡Dejaste escapar la ocasión de la forma más tonta! Lo digo, naturalmente, desde tu punto de vista, pero de todos modos habrÃa sido mejor que lo de ahora, cuando has estado a punto de casarte a cuenta de unos «pecados ajenos», como un bufón, para hacer reÃr, por dinero.
—¡Por dinero! ¡Ella, ella dice que es por dinero! —gimió de un modo lastimoso Stepán TrofÃmovich.