Los demonios
Los demonios —El asesor colegiado, ya retirado, Stepán TrofÃmovich Verjovenski, excelencia —respondió Stepán TrofÃmovich, inclinando la cabeza con solemnidad. Su excelencia siguió observándolo, aunque con expresión un tanto obtusa.
—¿Qué hay? —Y con laconismo propio de su autoridad, se prestó a escuchar, fastidiado e impaciente, a Stepán TrofÃmovich, tomándolo finalmente por un peticionario normal y corriente que iba a presentarle algún requerimiento.
—Mi casa ha sido hoy objeto de un registro a cargo de un funcionario que actuaba en nombre de su excelencia. Por eso quisiera…
—¿El nombre? ¿El nombre? —preguntó Lembke con impaciencia, como cayendo de pronto en la cuenta de algo.
Stepán TrofÃmovich repitió su nombre con mayor solemnidad aún.
—¡Aaah! El que… el que ha sembrado… Señor mÃo, se ha presentado usted de un modo… Era usted… ¿catedrático? ¿Catedrático?
—Hubo un tiempo en que tuve el honor de impartir lecciones a la juventud en la universidad de…