Los demonios
Los demonios —No. Fourier no es ningún disparate… Disculpe, pero no me puedo creer en absoluto que vaya a haber un levantamiento en mayo.
Liputin estaba tan acalorado que tuvo que desabrocharse.
—Bueno, ya es suficiente; y ahora que no se nos olvide —Piotr Stepánovich cambió de tema con una tremenda sangre frÃa—, tendrá usted que componer e imprimir ese pasquÃn con sus propias manos. Hay que desenterrar la imprenta de Shátov y mañana mismo se hace usted cargo de ella. En el menor tiempo posible tiene que componer e imprimir todos los ejemplares que pueda, para distribuirlos a lo largo del invierno. Ya se le indicarán los medios. Todos los ejemplares que pueda, porque se los van a pedir de otros sitios.
—No, señor; discúlpeme, pero no puedo encargarme de semejante… Me niego.
—Pues, de todas maneras, se encargará. Actúo siguiendo instrucciones del comité central, y usted no tiene más remedio que obedecer.
—Y yo considero que nuestros centros en el extranjero se han olvidado de la realidad rusa y han roto todos los lazos, y por eso mismo no dicen más que disparates… Es más, creo que, lejos de haber cientos de quintetos en Rusia, el nuestro es el único, y que no existe ninguna clase de red. —Liputin, finalmente, se quedó sin aliento.