Los demonios
Los demonios —Tanto más despreciable de su parte que, sin creer en la causa, haya corrido a abrazarla… y que corra ahora detrás de mÃ, como un vulgar chucho.
—No, señor, no corro detrás de usted. Nosotros tenemos pleno derecho a apartarnos y fundar una nueva sociedad.
—¡Im-bé-cil! —bramó de pronto, amenazante, Piotr Stepánovich, con ojos centelleantes.
Los dos se quedaron mirándose a la cara unos instantes. Piotr Stepánovich se dio la vuelta y reanudó su camino con confianza.
A Liputin se le pasó fugazmente por la cabeza: «Me doy la vuelta y me voy por donde he venido; si no me doy la vuelta ahora, ya no lo hago nunca». Ese pensamiento le duró exactamente diez pasos, pero al undécimo un nuevo y desesperado pensamiento prendió en su cabeza: no se dio la vuelta y no se fue por donde habÃa venido.