Los hermanos Karamazov

Los hermanos Karamazov

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Por lo que veo, renacuajos, sois temibles.

—¡Si está contigo Carillón! —exclamó alegremente Kostia, que empezó a chascar los dedos y a llamarlo.

—Amiguitos, estoy en un apuro —empezó a decir Kolia solemnemente—.

¿Queréis ayudarme? Ágata debe de haberse roto una pierna, puesto que no ha regresado. No cabe duda de que se la ha roto. Tengo que marcharme. ¿Me permitís que me vaya?

Los niños se miraron. Sus rostros sonrientes tenían una expresión de inquietud.

No acababan de comprender lo que Kolia les pedía.

—¿Me prometéis no hacer ninguna diablura durante mi ausencia? ¿No subiros al armario para exponeros a romperos una pierna? ¿No llorar de miedo al veros solos?

En las dos caritas se reflejó la angustia.

—Si os portáis bien os enseñaré una cosa: un cañoncito de acero que se carga con pólvora de verdad.

Las dos caritas se iluminaron.

—Enséñanos el cañón —dijo Kostia, radiante.

Krasotkine sacó de su talego un cañoncito que depositó en la mesa.

—Mirad, tiene ruedas —dijo, haciéndolo rodar—. Se puede cargar con perdigones y disparar.

—¿Y puede matar?

—Puede matar a cualquiera. Basta apuntar bien.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker