Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Kolia explicó cómo habÃa que poner la pólvora y los perdigones, señaló la ranura por la que se prendÃa fuego a la carga y dijo que el cañón tenÃa retroceso.
Los niños lo escuchaban con ávida curiosidad. Lo del retroceso es lo que más les impresionó.
Nastia preguntó:
—¿Tienes pólvora?
—SÃ.
—A verla —imploró la niña, sonriendo.
Krasotkine extrajo del talego un frasquito que contenÃa un poco de auténtica pólvora y unos cuantos perdigones envueltos en un papel. Destapó el frasquito y echó un poco de pólvora en la palma de su mano.
—Miradla. ¡Pero cuidado con acercarla al fuego! —dijo para asustarlos—. Se producirÃa una explosión y morirÃamos todos.
Los niños examinaron la pólvora con un terror que avivaba su entusiasmo. A Kostia le encantaron especialmente los granos de plomo.
—¿Se inflaman los perdigones? —preguntó.
—No.
—Dame unos cuantos —dijo en tono suplicante.
—Aquà los tienes. Pero no se los enseñes a tu madre antes de que yo vuelva.
Creerá que estallan como la pólvora, se asustará y os pegará.