Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Mamá no nos pega nunca —dijo Nastia.
—Ya lo sé: lo he dicho para hacer una frase. No mintáis nunca a vuestra madre, salvo en esta ocasión y sólo hasta que yo vuelva. Bueno, amiguitos, ¿me puedo marchar? ¿No lloraréis de miedo mientras no estoy aqu�
—Sà que lloraremos —dijo lentamente Kostia mientras se disponÃa a hacerlo.
—Seguro que lloraremos —confirmó Nastia, atemorizada.
—¡Qué niños éstos! ¡Estáis en la peor edad! Ya veo que no puedo hacer nada.
Tendré que quedarme con vosotros hasta Dios sabe cuándo. ¡Con lo que vale el tiempo!
—Dile a Carillón que haga el muerto —solicitó Kostia.
—Bien; recurramos a Carillón. ¡AquÃ, Carillón!
Kolia ordenó al can que exhibiera sus habilidades. Era un perro de pelo largo, de color gris violáceo, del tamaño de un mastÃn corriente, tuerto del ojo derecho y que tenÃa partida la oreja izquierda. Se pavoneaba, andaba sobre las patas traseras, se echaba boca arriba y permanecÃa inmóvil, como muerto...