Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Allá tú. A mí me da lo mismo. Está helando. Lo mejor que puedes hacer es quedarte en casita.
—Oíd, rapazuelos. Esta mujer os hará compañía hasta que yo vuelva o hasta que venga vuestra madre, que ya no puede tardar. Si tarda, Ágata os dará el almuerzo. ¿No es así, Ágata?
—Nada tan fácil.
—Hasta la vuelta, hijitos. Me voy con toda tranquilidad.
Y al pasar por el lado de la sirvienta le dijo, en serio y en voz baja.
—Cuidado, abuela, con empezar a explicarles lo de Catalina. Hay que respetar su inocencia... ¡Vamos, Carillón!
Esta vez Ágata se indignó de verdad.
—¿Quieres callarte? ¡Merecerías que te azotasen por decir esas cosas!
CAPÍTULO III