Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —¿Qué quieres? —preguntó Iván volviéndose hacia Aliocha—. Te ha dicho ella que me sigas porque estoy loco, ¿verdad? ¡Lo sé! ¡Estoy seguro! —añadió, irritado.
—En eso se equivoca, desde luego; pero no cabe duda de que estás enfermo.
Hace un momento te miraba, Iván, y me horrorizaba de ver la mala cara que tienes.
Iván no se habÃa detenido. Aliocha iba a su lado.
—¿Cómo se vuelve loco uno, Alexei Fiodorovitch? ¿Lo sabes? —preguntó Iván.
Hablaba con calma y en su voz habÃa un matiz de curiosidad.
—No, no lo sé. Pero creo que hay muchas clases de locura.
—¿Puede notar uno mismo que se vuelve loco?
—Pues —repuso Aliocha un poco desconcertado— yo creo que uno no puede observarse a sà mismo en tales casos.
Iván estuvo callado un momento. De pronto, dijo:
—Si quieres hablar conmigo, habremos de cambiar de conversación.
—¡Ah, se me olvidaba! —dijo Aliocha tÃmidamente, entregando a su hermano la carta de Lise—. Tengo esta carta para ti.
Estaban cerca de un farol. Iván reconoció la letra de Lise.