Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov ¡Otra que me ha tomado por su nodriza! ¡Quiere que la meza en mis brazos!
Aliocha dijo tristemente:
—Catalina Ivanovna te ama, hermano.
—Es posible. Pero a mà no me gusta ella.
Aliocha replicó tÃmidamente:
—Está atormentada... ¿Por qué le has dicho a veces cosas esperanzadoras? Sé que lo has hecho. Perdona que lo hable asÃ.
—¡Ya sé que deberÃa hablarle francamente y romper con ella!—exclamó Iván, arrebatado—. Pero no puedo hacerlo. Hay que esperar a que juzguen al asesino. Si rompiera con ella ahora, mañana, por venganza, perderÃa a ese miserable. Lo odia y sabe que lo odia. Estamos representando una farsa. Mientras conserve la esperanza, Katia no perderá a ese monstruo, ya que sabe que yo quiero salvarlo.
¡AnsÃo que se pronuncie esa maldita sentencia!
Las palabras «asesino» y «monstruo» impresionaron a Aliocha profundamente.
—¿Pero qué puede perder a nuestro hermano Mitia? ¿Qué puede haber de malo en su declaración?
—Mucho. Posee una carta de Mitia que prueba su culpabilidad.
—¡No es posible! —exclamó Aliocha.
—¡Ah!, ¿no? La he leido con mis propios ojos.