Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Iván ocupaba un departamento, espacioso y cómodo, en casa de una dama de edad, viuda de un funcionario. Lo servía una vieja sorda y reumática, que se levantaba a las seis de la mañana y se acostaba a las seis de la tarde. Desde hacía dos meses, Iván Fiodorovitch se mostraba muy poco exigente. Además, le gustaba estar solo. Se arreglaba él mismo la habitación y era muy raro que saliera a las otras.
Al llegar al portal de casa, Iván cogió el cordón de la campanilla, pero no la hizo sonar. Había experimentado un repentino estremecimiento de cólera. Soltó el cordón en un arrebato de despecho y echó a andar hacia el otro extremo de la ciudad, hacia una casita de techo bajo que estaba a una media legua de distancia.
En ella habitaba María Kondratievna, la antigua vecina de Fiodor PavIovitch, que solía ir a casa de éste a pedir un plato de sopa y a oír las canciones con que la obsequiaba Smerdiakov acompañándose de su guitarra. María Kondratievna había vendido su casa y vivía con su madre en una especie de isba. Smerdiakov, ya tan enfermo que parecía estar al borde de la muerte, se había ido a vivir con ellas. A esta casucha se dirigió Iván Fiodorovitch, obedeciendo a un impulso repentino, irresistible.
CAPITULO VI