Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —¿Cómo que por qué? —exclamó Smerdiakov pérfidamente—. Por la herencia. La muerte de su padre suponÃa para cada uno de ustedes cuarenta mil rublos o más. En cambio, si daban tiempo a que Fiodor Pavlovitch se casara con Agrafena Alejandrovna, ésta, que no tiene un pelo de tonta, se habrÃa apresurado a poner el dinero de su padre a su nombre, y no habrÃa quedado nada para ustedes tres. Esto estuvo a punto de ocurrir. HabrÃa bastado una palabra de Agrafena Alejandrovna para que Fiodor Pavlovitch la hubiese llevado al altar.
Iván Fiodorovitch tenÃa que hacer grandes esfuerzos para contenerse.
—Bien —dijo al fin—. Como ves, ni te he pegado ni te he matado. Por lo tanto, puedes continuar. ¿De modo que, según tú, yo contaba con mi hermano Dmitri y le habÃa encargado ese trabajo?
—SÃ. Al ser un asesino, perderÃa todo sus derechos, se le degradarÃa y se le deportarÃa. Entonces su hermano Alexei Fiodorovitch y usted heredarÃan su parte, y ya no serÃan cuarenta mil rublos, sino sesenta mil, lo que les tocarÃa a cada uno.
Es, pues, muy natural que usted pensara en Dmitri Fiodorovitch.