Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Desde luego, siento no haberte dado una paliza —dijo con una sonrisa amarga—. No me era posible llevarte a la policÃa, pues no me habrÃan creido sin pruebas. Pero fue un error no molerte a golpes; aunque esté prohibido que uno se tome la justicia por su mano, debà hacerte trizas la cara.
Smerdiakov le observó con visible deleite.
—En los casos corrientes —dijo con evidente satisfacción y en un tono doctoral, como cuando hablaba de cuestiones religiosas con Grigori Vasilievitch—
, tomarse la justicia por las propias manos está vedado por la ley. SÃ, se han terminado estas brutalidades. Pero en los casos excepcionales, no sólo en nuestro paÃs, sino en todo el mundo, incluso en la República Francesa, se siguen empleando los puños, como en los tiempos de Adán y Eva. Y siempre será asÃ.
Pero usted, ni siquiera en uno de estos casos excepcionales se atrevió a hacer use de la acción directa.
—¿Esto es lo que aprendes de las frases francesas que escribes ah� —preguntó Iván señalando el cuaderno que estaba sobre la mesa.
—¿Por qué no? Estoy completando mi instrución. Pienso que tal vez tenga que visitar algún dÃa los hermosos paÃses de Europa.