Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Estaba segura —continuó— de que harÃa llegar esa suma a su destino tan pronto como la recibiera de su padre. He tenido siempre absoluta confianza en su honradez, para los asuntos de dinero. Dmitri Fiodorovitch contaba con que su padre le entregara esos tres mil rublos, según me dijo más de una vez. Yo sabÃa que estaban desavenidos y siempre creà que Fiodor Pavlovitch lo habÃa perjudicado. No recuerdo que profiriese amenazas contra su padre, por lo menos en mi presencia. Si Dmitri Fiodorovitch hubiera venido a verme, lo habrÃa tranquilizado respecto a esos malditos tres mil rublos. Pero no volvió, y yo... yo no podÃa llamarlo. Mi situación no me lo permitÃa... Por otra parte, no tenÃa ningún derecho a mostrarme exigente respecto a esta deuda, puesto que recibà de él un dÃa una cantidad superior, y la tomé sin saber cuándo podrÃa devolverla.
En su acento habÃa algo de desafÃo. Entonces llegó para Fetiukovitch el momento de interrogarla.
—Pero eso debió de ser al principio de sus relaciones, ¿no? —preguntó el abogado defensor, presintiendo que iba a ocurrir algo favorable a su cliente.