Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —¿Se siente indispuesto todavÃa? —le preguntó, mientras buscaba con la suya la mirada del ujier.
—TranquilÃcese, señor —repuso Iván con calma—. Estoy perfectamente y puedo referirle algo curioso.
—¿O sea que tiene usted que decir algo importante? —preguntó el presidente, incrédulo.
Iván Fiodorovitch bajó la cabeza, guardó silencio durante unos segundos y respondió:
—No, no tengo nada importante que decir.
Lo interrogaron. Contestó lacónicamente y con creciente resistencia, aunque sus respuestas fueron perfectamente sensatas. Ignoraba, según dijo, muchas de las cosas que le preguntaron, entre ellas las referentes a las cuentas de su padre con Dmitri.
—Era un asunto que no me importaba lo más mÃnimo —dijo.
Declaró que habÃa oÃdo las amenazas del acusado contra su padre y que estaba enterado de la existencia del sobre por Smerdiakov.
De pronto, exclamó con un gesto de fatiga:
—¡Siempre lo mismo! ¡No puedo decir nada más al tribunal!
—Veo que está usted todavÃa trastornado y lo comprendo —dijo el presidente.
Y ya iba a preguntar al fiscal y al defensor si querÃan interrogar al testigo, cuando Iván dijo, extenuado: