Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Permítame su señoría que me retire: no me siento bien.
Dicho esto, y sin esperar la autorización del presidente, se dirigió a la salida.
Pero, después de dar algunos pasos, se detuvo, quedó un momento pensativo, sonrió y volvió atrás.
—Me parezco a esa joven campesina que decía: «Iré si quiero, pero si no quiero, no iré.» La vistieron para llevarla al altar y ella repitió lo que acababa de decir... Es una anécdota popular...
—¿Qué significa eso? —preguntó con severidad el presidente.
En vez de responder a esta pregunta, Iván sacó un fajo de billetes y lo exhibió ante el tribunal.
—¡Miren, miren! Son los billetes que estaban en ese sobre —dijo, señalando la mesa donde se hallaban los cuerpos del delito—, los billetes por los que mataron a mi padre. ¿Dónde hay que depositarlos? Señor ujier, ¿quiere usted entregar este dinero a quien corresponda?
El ujier cogió el fajo y lo entregó al presidente. Éste preguntó, sorprendido:
—¿Cómo se explica que haya traído usted este dinero..., si verdaderamente es el que estaba en el sobre?