Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Señores, la elocuencia es algo hermoso. Pero no se puede romperle la cabeza a un padre impunemente. ¿Adónde irÃamos a parar?
—El carruaje, ¿recuerdan ustedes?
—SÃ, ha hecho un carruaje de un carretón.
—Mañana volverá a ser carretón el carruaje, si asà lo exigen las circunstancias.
—La gente se va volviendo desconfiada. ¿Es que ya no existe la verdad en Rusia?
Pero en esto se oyó la campanilla. El jurado habÃa estado deliberando una hora exactamente. El público volvió a ocupar sus puestos y en la sala se hizo un silencio absoluto. Siempre recordaré la aparición del jurado. No citaré todas las preguntas, porque algunas se me han ido de la memoria. Lo que recuerdo perfectamente es la respuesta a la primera, que era la principal, pero cuyo texto exacto he olvidado también. La pregunta venÃa a ser: «¿Ha matado el acusado para robar y ha obrado con premeditación?» A lo que el funcionario que era presidente y el miembro más joven del jurado respondió con voz clara, en medio de un silencio de muerte:
—SÃ.
Y la misma respuesta se dio a todas las preguntas, sin la menor atenuante.
Nadie esperaba tanto rigor; todos contaban con que el jurado mostrarÃa por lo menos cierta indulgencia.