Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Si no estuviera seguro de que es asÃ, no se lo habrÃa dicho a usted, sabiendo que esto tenÃa que atormentarla. Está enfermo, parece haber perdido el juicio, no cesa de llamarla. No es que quiera reconciliarse con usted; lo que desea es sencillamente verla a la puerta de su habitación. Ha cambiado mucho desde aquel dÃa fatal: ahora comprende los errores que ha cometido con usted. Pero no desea su perdón. « No se me puede perdonar», dice. Lo que quiere es simplemente verla en el umbral de su cuarto.
Katia bulbuceó:
—¡Oh! No sé qué decirle... No esperaba una petición asà en este momento... Sin embargo, sabÃa que vendrÃa usted a pedÃrmelo, que él lo enviarÃa para que me lo pidiera... Pero... no puedo ir, no puedo ir.
—Aunque crea que no puede, vaya. Piense que es la primera vez que está arrepentido de lo injusto que ha sido con usted. Nunca se habÃa dado cuenta de sus errores. Dice que si usted no va a verlo, será un desgraciado durante todo el resto de su vida. FÃjese en lo que esto significa: un hombre condenado a veinte años de presidio piensa aún en la felicidad. ¿No le da pena? Tenga en cuenta —añadió Aliocha en un tono de desafÃo— que Dmitri es inocente. Sus manos están limpias de sangre. Por los muchos sufrimientos que le esperan, le ruego que vaya a verlo.