Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov añadió Katia en un tono de indignación—, ¿está dispuesto a sufrir; es capaz de soportar el sufrimiento? ¡Los hombres como él no saben lo que es sufrir!
Sus palabras estaban impregnadas de odio y de irritación. Sin embargo, Katia habÃa traicionado a Dmitri. «Tal vez le odia momentáneamente porque se siente culpable ante él», se dijo Aliocha. Y es que deseaba que este odio fuese pasajero.
HabÃa percibido un reto en las últimas palabras de Katia. Sin embargo, fingió no haberlo advertido.
—Le he rogado que viniera aquà para que me prometa convencerlo. Pero ahora me digo que la huida tal vez le parezca a usted una vileza, una falta, un acto anticristiano.
El acento de Katia era cada vez más provocativo.
—Nada de eso —murmuró Aliocha—. Procuraré convencerlo... Tengo que hacerle un ruego de su parte —añadió resueltamente—. Desea que vaya usted a verle hoy mismo.
La miraba a los ojos. Katia se estremeció, palideció a hizo un leve movimiento de retroceso.
—No, no puedo.
—Puede y debe —replicó Aliocha con firmeza—. La necesita más que nunca.