Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Sà —repuso Dmitri, mirando tÃmidamente a su hermano—. Gruchegnka no vendrá hasta el atardecer. Cuando le hablé de la ayuda de Katia, estuvo un momento callada, con los labios apretados. Después exclamó: «¡Está bien!» Sin duda comprendió la importancia del asunto. Yo no me atrevà a hacerle ninguna pregunta. Creo que está ya convencida de que Katia no me quiere a mÃ, sino a Iván.
—¿Tú crees?
—Tal vez me equivoque. Pero lo cierto es que Gruchegnka no vendrá esta mañana. Le he hecho un encargo... Oye, Aliocha: Iván es un hombre de inteligencia superior. Merece la vida más que nosotros. Estoy seguro de que se curará.
—Katia no duda tampoco de que Iván sanará. Sin embargo, llora.
—Entonces es que cree que morirá. Su convicción de que se curará es hija de su propio terror.
—Iván es fuerte. Yo también tengo esperanzas —dijo Aliocha.
—Aunque asà sea, Katia está convencida de que morirá. Debe de sufrir mucho.
Hubo unos segundos de silencio. Era evidente que alguna grave preocupación atormentaba a Mitia.
—Aliocha —dijo de pronto Dmitri con voz temblorosa a impregnada de lágrimas—, quiero con delirio a Gruchegnka.