Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov HacÃa tres dÃas que Snieguiriov no cesaba de repetir que enterrarÃa a su hijo junto a la peña. Para disuadirlo intervinieron Aliocha y Krasotkine, la patrona, su hermana y todos los compañeros de Iliucha. La patrona argumentó:
—No comprendo que quiera usted enterrar a su hijo en un lugar impuro, como si fuera un excomulgado. La tierra del cementerio está bendita. Si lo entierran en ella, el nombre de Iliucha se mencionará en las plegarias. Desde el cementerio se oyen los cantos de la iglesia: el diácono tiene una voz potente. AsÃ, los cantos llegarán a él como si se entonaran junto a su tumba.
El capitán tuvo un gesto de desaliento que equivalÃa a decir: «¡Hagan lo que quieran!» Entonces, los muchachos levantaron el ataúd y se dirigieron a la puerta.
Pero, al pasar junto a la madre, se detuvieron un momento para que pudiera dar su último adiós a Iliucha. La pobre demente, al ver de cerca el querido rostro que desde hacia tres dÃas sólo habÃa podido ver desde lejos, empezó a mover de un lado a otro la canosa cabeza.
—Mamá —le dijo Nina—, dale un beso y bendicelo.
Pero la madre siguió moviendo la cabeza como una autómata, sin decir palabra, con el rostro transfigurado por el dolor y golpeándose el pecho con el puño.