Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —¿No? Pues me han informado de que anteayer, en casa de Catalina Ivanovna, habló mucho de mÃ, tanto interesa este amigo tuyo y servidor. Después de esto, querido, no está claro quién está celoso de quién. Dijo que si no me resignaba a la carrera de archimandrita, si no visto el hábito muy pronto, partiré hacia Petersburgo, ingresaré en una gran revista como critico y, al cabo de diez años, seré propietario del periódico. Entonces le imprimiré una tendencia liberal y atea, a incluso cierto matiz socialista, aunque tomando precauciones, es decir, nadando entre dos aguas y dando el pego a los imbéciles. Y tu hermano siguió diciendo que, a pesar de este tinte de socialismo, yo ingresarÃa mis beneficios en un Banco, especularÃa por mediación de un judÃo cualquiera y, finalmente, me harÃa construir una casa que me produjese una buena renta, además de servirme para instalar la redacción de mi revista. Incluso señaló el sitio donde se levantarÃa el inmueble: cerca del puente de piedra que se proyecta construir entre la avenida Litenaia y el barrio de Wyborg.
—¡Ah, Micha! —exclamó Aliocha, echándose a reÃr alegremente sin poderlo remediar—. A lo mejor, eso se cumple punto por punto.
—¡También tú te burlas, Alexei Fiodorovitch!