Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —¿Por quĂ© no me habla sinceramente? Cuando me habla, se hace el malo. Tu Iván es un miserable. Si quisiera, se casarĂa con Gruchegnka en seguida. Pues, teniendo dinero, Alexei Fiodorovitch, tiene uno todo lo que quiere. Esto es lo que le da miedo a Iván. Me vigila y, para impedir que me case, incita a Mitia a que se me anticipe. Obra asĂ para librarme de Gruchegnka, pues sabe que perderĂa su posible herencia si me casara. Por otra parte, si Mitia la hace su esposa, Iván podrá quedarse con su acaudalada prometida. Éstos son sus planes. Es un miserable tu Iván.
—Estás irritado —dijo Aliocha—. Son las consecuencias de lo ocurrido ayer.
Debes acostarte.
—Tus palabras no me molestan —declarĂł el viejo—. En cambio, si vinieran de Iván, me habrĂan sacado de mis casillas. SĂłlo contigo tengo momentos buenos.
Fuera de ellos, soy un hombre malo.
—No es que seas malo, es que tienes trastornado el espĂritu —dijo Aliocha sonriendo.
—Pensaba hacer detener a ese bandido de Mitia, y ahora estoy indeciso. Sin duda, hoy se considera un prejuicio respetar a los padres. Sin embargo, la ley no autoriza a coger a un padre por los pelos y patearle la cara en su propia casa.