Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —A los cincuenta y cinco años —siguió diciendo—, conservo la virilidad y espero que esto dure veinte años más. Pero envejeceré, mi aspecto será cada vez más repelente, las mujeres no vendrán a mà de buen grado y habré de atraérmelas por medio del dinero. Por eso quiero reunir mucho dinero y para mà solo, mi querido hijo Alexei Fiodorovitch. Te lo digo claramente: quiero llevar una vida de libertinaje hasta el fin de mis dÃas. No hay nada comparable a ese modo de vivir.
Todo el mundo lo censura, pero todos lo adoptan, aunque a escondidas. Yo, en cambio, llevo esta vida a la vista de todos. Esta franqueza explica que todos los bribones hayan caÃdo sobre mÃ. En cuanto a tu paraÃso, Alexei Fiodorovitch, has de saber que no quiero nada de él. Aun admitiendo que exista, no conviene en modo alguno a un hombre de hábitos normales. Allà se duerme uno y ya no se despierta. Haz decir una misa por mà si quieres; si no, vete al diablo. Ésta es mi filosofÃa. Ayer Iván habló de esto, pero entonces estábamos borrachos. Es un charlatán sin erudición. No es muy instruido, ¿sabes? Aunque no lo dice, se rÃe de vosotros: a esto se reduce su talento.
Aliocha escuchaba sin despegar los labios. Fiodor Pavlovitch continuó: