Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Porque creo ciegamente lo que me dice en la carta.
—Me ofende usted.
—Apenas la leÃ, me dije que todos sus deseos se realizarÃan. Cuando el starets Zósimo muera, tendré que dejar el monasterio. Luego acabaré mis estudios, me examinaré y, cuando tengamos la edad que señala la ley, nos casaremos. La querré mucho. Aunque no he tenido tiempo de pensar en ello, he comprendido que nunca hallaré una esposa mejor que usted. Tengo que casarme porque el starets me lo ha ordenado.
—Soy una persona anormal, un monstruo —objetó Lise riendo y con las mejillas arreboladas—. Han de llevarme en un sillón de ruedas.
—Yo mismo empujaré el sillón. Pero estoy seguro de que entonces ya estará usted completamente bien.
—¿Está usted loco? —exclamó Lise nerviosamente—. ¡Forjar planes sobre una simple broma!... Aquà llega mamá. Oportunamente, por cierto... ¿Cómo has tardado tanto, mamá? Y aquà tenemos también a Julia con el agua.
—¡Por todos los santos, Lise, no grites! La cabeza me va a estallar... La culpa de que haya tardado tanto es tuya: has cambiado de sitio las hilas... He estado mucho tiempo buscándolas... Sin duda lo has hecho expresamente.