Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —¿Expresamente? ¿Es que yo sabÃa que Alexei vendrÃa con un mordisco en un dedo? ¡Qué cosas tan chocantes dices, mamá!
—Admito que sean chocantes; pero te aseguro que hablo con el corazón, al ver ese dedo de Alexei Fiodorovitch y todo lo demás que aquà está sucediendo. Mi querido Alexei Fiodorovitch, no son los detalles por separado lo que me trastorna, no es ese Herzenstube por si solo el que me inquieta, sino el conjunto. Esto es lo que no puedo soportar.
—Deja en paz a Herzenstube, mamá —dijo Lise riendo alegremente—, y dame el agua y las hilas. Esto es agua blanca, Alexei Fiodorovitch: ahora me acuerdo del nombre. ¡Un excelente remedio! Mamá, ¿sabes lo que ha hecho?: pelearse con unos chiquillos en la calle. Uno de ellos le ha mordido. ¿No te parece que esto demuestra que también él es un chiquillo? ¿Y crees que un joven que hace estas cosas puede casarse? Pues se quiere casar, ¿sabes? ¡Alexei casado! ¡Es para morirse de risa!
Y Lise reÃa con su risita nerviosa, mientras miraba a Aliocha maliciosamente.
—¿Qué dices, Lise? No debes hablar asÃ. Y menos teniendo en cuenta que ese bribonzuelo que le ha mordido puede estar rabioso.
—¡Como si hubiera niños rabiosos!