Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —¿Qué es lo que le sorprende?
—Le dice que se va a Moscú y usted se muestra alborozada. Luego explica que no es su marcha lo que le alegra y que, por el contrario, su viaje la apena, porque pierde usted... un amigo. Pero esto es una ficción.
—¿Una ficción? ¿Qué dice usted? —exclamó Catalina Ivanovna, atónita. Y
enrojeció, frunciendo las cejas.
—Aunque usted afirma que echará de menos a su amigo, ha dicho claramente que su partida la hacÃa feliz.
Aliocha, de pie junto a la mesa, jadeaba de emoción.
—¿Qué quiere usted decir? No lo comprendo.
—Ni yo mismo lo sé. Esto ha sido como un repentino relámpago de lucidez...
Bien sé que no tengo facilidad de palabra, pero hablaré a pesar de todo —afirmó con voz trémula y entrecortada—. Seguramente, usted no ha querido nunca a Dmitri... Él tampoco la ha amado a usted, creo yo; lo único que ha sentido por usted ha sido simple estimación... No sé cómo me atrevo a hablar de este modo.
Pero alguien ha de decir aquà la verdad, ya que nadie se atreve a hacerlo.
—¿Qué verdad? —exclamó Catalina Ivanovna, fuera de sÃ.