Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Ciertamente, ha llorado de alegrÃa... Me ha hablado de sus hijas, de cierto empleo que podrÃan darle en otra ciudad, y, después de haberse expansionado, ha sentido una repentina vergüenza de haber mostrado su alma al desnudo. Inmediatamente me ha detestado. Es uno de esos seres que se avergüenzan de cualquier cosa, pero que tienen un orgullo excesivo. Sobre todo, le ha mortificado el hecho de haberme considerado en seguida como amigo. Después de haberse arrojado sobre mi para intimidarme, me ha abrazado y cubierto de amabilidades al ver los billetes. Y
cuando, pensando en esto, se sentÃa profundamente humillado, yo he cometido un grave error: le he dicho que si no tenÃa bastante dinero para trasladarse a otra ciudad, le darÃan más y que yo mismo contribuirÃa a ello con mis propios recursos.
Esto le ha herido. ¿Por qué acudÃa yo también en su socorro? Pues ha de saber, Lise, que nada hay más molesto para un desgraciado que ver que todos sus semejantes se consideran bienhechores. Se lo he oÃdo decir al starets. No sé qué explicación puede tener esto, pero lo he observado muchas veces, e incluso yo mismo lo siento. Aunque él ha ignorado hasta el último momento que pisotearÃa los billetes, lo presentÃa. Y esto acrecentaba su júbilo. Pero, por enojoso que esto parezca, es lo mejor que ha podido ocurrir.