Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Un hombre de su carácter no se detiene ante nada. ¡Si lo hubiese oÃdo ayer!
«Si Agafrena Alejandrovna logra burlarme y pasar la noche en casa con el viejo, no respondo de tu vida», me dijo. Me da tanto miedo su hermano, que si me atreviera lo denunciarÃa. Es capaz de todo.
—El otro dÃa —añadió MarÃa Kondratievna— le dijo: «Te machacaré en un mortero.»
—Eso es hablar por hablar —respondió Aliocha—. Si pudiera verle, le dirÃa algo sobre esto.
—Le voy a decir lo que sé —dijo Smerdiakov, después dé reflexionar un momento—. Vengo aquà con frecuencia como vecino. No hay ningún mal en ello.
Iván Fiodorbvitch me ha enviado hoy, a primera hora, a casa de Dmitri Fiodorovitch, calle del Lago, para decirle que acudiese sin falta a la taberna de la plaza, donde comerian juntos. He ido, pero ya no le he encontrado. Eran las ocho.
Su patrón me ha dicho textualmente: «Ha venido y se ha marchado.» Cualquiera dirÃa que están de acuerdo. En este momento tal vez esté en la taberna con Iván Fiodorovitch, que no ha venido a comer a casa. Fiodor Pavlovitch hace ya una hora que ha comido y ahora está durmiendo la siesta. Pero le ruego encarecidamente que no diga nada de esto. Es capaz de matarme por cualquier nimiedad.