Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov ¿Dónde están esos detentores del misterio que se atraen la maldición del cielo por el bien de la Humanidad? ¿Cuándo se ha visto todo eso? Conocemos a los jesuitas, se habla muy mal de ellos, pero no se parecen en nada a los tuyos. Tú te has imaginado un ejército romano como instrumento de futura dominación universal, un ejército dirigido por un emperador: el Sumo PontÃfice. Éste, y sólo éste, es el ideal que tú imaginas. No hay en él ningún misterio, ninguna tristeza sublime, sino la sed de reinar, la vulgar codicia de los bienes terrenales; en suma, una especie de servidumbre futura en la que ellos serán los terratenientes. Quizás esos hombres no crean en Dios. Tu inquisidor es un personaje ficticio.
—¡Cálmate, cálmate! —exclamó Iván, echándose a reÃr—. ¡Cómo te acaloras!
¿Has dicho un personaje ficticio? De acuerdo. Sin embargo, ¿de veras crees que todo el movimiento católico de los últimos siglos no se ha inspirado exclusivamente en la sed de poder, sin perseguir otro objetivo que los bienes terrenales? Esto es lo que te enseña el padre Paisius, ¿no?
—No, no; al contrario. El padre Paisius dijo una vez algo semejante, pero no exactamente lo mismo.