Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —¡Bravo! He aquà una revelación interesante a pesar de ese «no exactamente lo mismo» . ¿Pero por qué los jesuitas y los inquisidores se han de aliar únicamente con vistas a la felicidad terrena? ¿Acaso no es posible encontrar entre ellos un mártir dominado por un noble sentimiento y que ame la humanidad? Supón que entre esos seres sedientos de bienes materiales hay solamente uno semejante a mi viejo inquisidor, que se ha alimentado sólo de raÃces en el desierto, para ahogar el impulso de sus sentidos y alcanzar la libertad y, con ella, la perfección. Sin embargo, ese hombre ama a la humanidad. De pronto, ve las cosas claramente y se da cuenta de que conseguir una libertad perfecta representa una pobre felicidad cuando millones de criaturas siguen siendo desgraciadas al ser demasiado débiles para aprovecharse de su libertad, que estos pobres rebeldes no podrán acabar nunca su torre y que el gran idealista no ha concebido su armonÃa para semejantes estúpidos. Después de haber comprendido esto, mi inquisidor se vuelve atrás y se reúne con las personas de carácter. ¿Acaso es esto imposible?
—¿Qué personas con carácter son ésas? —exclamó Aliocha con cierto enojo—.
Las personas a que tú te refieres no tienen carácter, no constituyen ningún misterio, no poseen ningún secreto... El ateÃsmo: ése es su secreto. Tu inquisidor no cree en Dios.