Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Perfectamente. Es eso, no hay más secreto que ése; ¿pero no significa esto un tormento, cuando menos para un hombre como él, que ha sacrificado su vida a su ideal en el desierto y no ha cesado de amar a la humanidad? Al final de su vida ve claramente que sólo los consejos del terrible y poderoso EspÃritu pueden hacer soportable la existencia de los rebeldes impotentes, de «esos seres abortados y creados para irrisión de sus semejantes». Mi inquisidor comprende que hay que escuchar al EspÃritu de las profundidades, a ese espÃritu que lleva consigo la muerte y la ruina, y para ello admitir la mentira y el fraude y llevar a los hombres deliberadamente a la ruina y a la muerte, engañándolos por el camino para que no se enteren de adónde los lleva, para que esos pobres ciegos tengan la ilusión de que van hacia la felicidad. Observa este detalle: el fraude se realiza en nombre de quien el viejo ha creÃdo fervorosamente durante toda su vida. ¿No es esto una desgracia? Si se encuentra un hombre asÃ, uno solo, al frente de ese ejército «ávido de poder y que sólo persigue los bienes terrenales», ¿no es esto suficiente para provocar una tragedia? Es más, basta un jefe asà para encarnar la verdadera idea directriz del catolicismo romano, con sus ejércitos y sus jesuitas. Francamente, Aliocha, estoy convencido de que ese tipo único no ha faltado jamás entre los que encabezaban el movimiento de que estamos hablando. Y a lo mejor, algunos de esos hombres figuran en la lista de los Romanos PontÃfices. Tal vez existan todavÃa varios ejemplares de ese maldito viejo que ama tan profundamente, aunque a su modo, a la humanidad, y no por azar, sino bajo la forma de un convenio, de una liga secreta organizada hace mucho tiempo y cuyo objetivo es mantener el misterio, a fin de que no conozcan la verdad los desgraciados y los débiles, y asà sean felices. Asà tiene que ser; esto es fatal. Incluso me imagino que los francmasones tienen un misterio análogo en la base de su doctrina, y que por eso los católicos odian a los francmasones: ven en ellos a los competidores de su idea de que debe haber un solo rebaño bajo un solo pastor... Pero dejemos eso.