Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Algún tiempo después de haber visto la tumba de su madre, Aliocha dijo a Fiodor Pavlovitch que quería ingresar en un monasterio, donde los monjes estaban dispuestos a admitirlo como novicio. Añadió que lo deseaba ardientemente y que imploraba su consentimiento. El viejo estaba enterado de que el starets Zósimo había producido profunda impresión en su bondadoso hijo.
—Ese starets es, a buen seguro, el más honesto de nuestros monjes —dijo después de haber escuchado a Aliocha, silencioso y pensativo, y sin asombrarse de su petición—. ¿Eso quieres hacer, mi buen Aliocha?
Estaba algo bebido. Tuvo una sonrisa sutil y astuta, de borracho.