Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Tiempo tendrás de ir a Moscú. Hoy ve a Tchermachnia. ¿Qué te cuesta tranquilizar a tu padre? Si yo no estuviera ocupado, habrÃa ido ya, pues el asunto es urgente. Pero... no puedo ausentarme ahora... Óyeme, tengo dos porciones de bosque, una en Begutchev y otra en Diatchkino, en las landas. Los traficantes Maslov, padre a hijo, sólo ofrecen ocho mil rublos por la tala. El año pasado se presentó un comprador que daba doce mil. Pero no era de aquÃ: observa este detalle. Aquà no hay compradores de bosques. Los Maslov tienen centenares de miles de rublos y son los que hacen la ley. Hay que aceptar sus condiciones: nadie se atreve a pujar sus ofertas. Pues bien, el padre Ilinski me anunció el jueves pasado la llegada de Gorstkine, otro traficante. Lo conozco. Tiene la ventaja de no ser de aquÃ, sino de Pogrebov, por lo que no teme a los Maslov. Ofrece once mil rublos, ¿comprendes? Estará allà una semana a lo sumo, según me dice el pope en su carta. Tú arreglarás el asunto con él.
—Escribe al pope diciéndole que se encargue de ello.
—No lo harÃa bien: no entiende de estas cosas. Vale su peso en oro, yo le confiarÃa veinte mil rublos sin recibo; pero no tiene olfato; se dirÃa que es un niño.