Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Sin embargo, es nada menos que un erudito. El tal Gorstkine tiene el aspecto de un mendigo, lleva una mísera blusa azul; pero es un pícaro redomado. Miente, y a veces hasta tal punto, que no se comprende la razón de tales mentiras. Una vez dijo que su mujer había muerto y que él se había vuelto a casar. Y no había ni una palabra de verdad en esto: su mujer vive todavía y él la zurra regularmente. Ahora la cuestión es averiguar si está verdaderamente dispuesto a dar por la tala once mil rublos.
—Es que tampoco yo entiendo de esos negocios.
—Tú saldrás adelante. Escucha: te voy a describir a ese Gorstkine. Tengo relaciones comerciales con él desde hace tiempo. Óyeme: has de observar su barba, que es roja y vil. Cuando Gorstkine se exalta hablando y su barba se agita, la cosa va bien: entonces ese hombre dice la verdad y quiere llegar a un acuerdo.
Pero si se acaricia la barba con la mano izquierda y a la vez sonríe, es que quiere enredarte. Inútil mirar sus ojos: son como agua turbia. Has de mirar su barba. Su verdadero nombre no es Gorstkine, sino Liagavi . Pero no le llames así, porque se molestaría. Si ves que el negocio puede cerrarse, escríbeme dos letras. Mantén el precio de once mil rublos. En último término, puedes bajar mil, pero no más.