Los hermanos Karamazov

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Estaba trastornado.

El enfermo había perdido el conocimiento. Habían cesado las sacudidas, pero pronto empezaron de nuevo. Se llegó a la conclusión de que el ataque era como el del año anterior, cuando se cayó del granero. Entonces se le puso hielo en la cabeza. Esta vez Marta Ignatievna volvió a aplicar el remedio, pues encontró un poco de hielo en la bodega.

Al atardecer, Fiodor Pavlovitch envió en busca del doctor Herzenstube, que acudió sin pérdida de tiempo. Después de haber examinado al enfermo atentamente (era el médico más minucioso de la comarca, un viejecito respetable), dijo que el ataque no era de los corrientes, «que podía tener complicaciones», que no veía la cosa clara y que al día siguiente, si la medicación prescrita no había producido efecto, probaría otro tratamiento.

Se acostó al enfermo en el pabellón, en un cuartito inmediato al de Grigori. A continuación, Fiodor Pavlovitch empezó a sufrir una serie de contrariedades. El cocido hecho por Marta Ignatievna resultó una especie de agua sucia comparado con el de costumbre. La gallina, reseca, no se podía comer. A los amargos y justificados reproches de su amo, Marta Ignatievna contestó que la gallina era vieja y que ella no era una cocinera profesional.


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