Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Calló de pronto y quedó pensativo. Estas palabras eran incomprensibles. El padre José, testigo de la escena del dÃa anterior, cambió una mirada con el padre Paisius. Aliocha no pudo contenerse.
—Padre y maestro mÃo —dijo, presa de gran agitación—, no comprendo sus palabras. ¿Qué sufrimiento espera a mi hermano?
—No seas curioso. Ayer tuve una impresión horrible. Me pareció leer todo su destino. Vi en él una mirada que me estremeció al hacerme comprender la suerte que ese hombre se está labrando. Una o dos veces en mi vida he visto una expresión semejante en un rostro humano, una expresión que me pareció una revelación del destino de esas personas, y el destino que creÃa ver se cumplió. Te he enviado hacia él, Alexei, por creer que tu presencia le tranquilizarÃa. Pero todo depende del Señor: es Él el que traza nuestros destinos. «Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo, pero si muere da mucho fruto.» No lo olvides.
Y el starets añadió con una dulce sonrisa: