Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov En seguida empezó a hacer la señal de la cruz, mirando, uno tras otro, a los cuatro rincones de la celda. Los que le acompañaban comprendieron perfectamente su conducta, pues sabÃan que, fuera a donde fuese, antes de sentarse para conversar ahuyentaba a los demonios.
—¡Fuera de aquÃ, Satán! —exclamaba cada vez que hacÃa la señal de la cruz. Y
gritó de nuevo—: ¡Vengo a expulsar a los demonios!
Una cuerda ceñÃa a su cintura su burdo hábito. Su camisa de cáñamo dejaba ver su velludo pecho. Iba descalzo. Apenas agitó los brazos tintinearon las pesadas cadenas que llevaba bajo el hábito.
El padre Paisius suspendió la lectura, dio unos pasos y se detuvo ante el padre Teraponte en actitud de espera.
—¿Por qué has venido, reverendo padre? ¿Por qué alteras el orden? ¿Por qué agitas al humilde rebaño? —exclamó al fin severamente.
—¿Que por qué he venido? —respondió el padre Teraponte con cara de perturbado—. ¿Tú me lo preguntas? He venido a ahuyentar a tus huéspedes, a los demonios impuros. Ya veremos los que has albergado durante mi ausencia. Voy a barrerlos.