Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov No solamente no considero que haya que pedir perdón por la ingenuidad de su fe, debida a su juventud, a los escasos progresos realizados en sus estudios y a otras causas parecidas, sino que declaro que su modo de sentir me infunde respeto. Es muy posible que otro joven, acogiendo con reservas los impulsos de su corazón, tibio y no ardiente en sus afectos, leal pero demasiado juicioso para sus años, es muy posible que este joven no hubiera hecho lo que hizo el mÃo. Pero en ciertos casos es más digno dejarse llevar de un impulso ciego, provocado por un gran amor, que oponerse a él. Y especialmente cuando se trata de la juventud, pues yo creo que un joven juicioso en todo momento no vale gran cosa.
—Pero —razonarán los más sensatos— no todos los jóvenes deben tener tales prejuicios. El suyo no es un modelo para los demás.
A lo que yo respondo:
—Mi joven posee una fe total, profunda. No pediré perdón para él.