Los hermanos Karamazov

Los hermanos Karamazov

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¿Por qué se había retirado en el momento decisivo, como sometiéndose a las leyes ciegas a implacables de la naturaleza?

El corazón de Aliocha sangraba. Como ya hemos dicho, el starets Zósimo era el ser al que nuestro héroe más queria en el mundo. Y ahora lo veía ultrajado y difamado. Las lamentaciones de Aliocha eran triviales y absurdas, pero —lo repito por tercera vez y confieso que acaso demasiado ligeramente— me complace que mi protagonista no se mostrara juicioso en aquel momento, pues el juicio llega a su tiempo, a menos que el hombre sea tonto. En cambio, ¿cuándo llegará el amor si no existe en un corazón joven en ciertas ocasiones excepcionales? No obstante, hay que mencionar un fenómeno extraño, aunque pasajero, que se manifestó en el ánimo de Aliocha en aquel momento critico. A veces se revelaba como una impresión dolorosa, a consecuencia de la conversación que había mantenido el día anterior con su hermano Iván y que ahora lo obsesionaba. Sus creencias fundamentales estaban incólumes. A pesar de sus quejas, amaba a Dios y creía firmemente en Él. Sin embargo, en su alma surgió un confuso y penoso sentimiento de aversión que trataba de imponerse con fuerza creciente.

Al anochecer, Rakitine, cuando se dirigía al monasterio a través del bosque de pinos, vio a Aliocha, echado de bruces debajo de un árbol. Estaba inmóvil; parecía dormido. Rakitine se acercó a él y le preguntó:


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