Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov «Han abierto la ventana porque el hedor ha aumentado.» Pero la idea de la corrupción ya no lo inquietaba ni lo irritaba. Oraba dulcemente. Pronto advirtió que lo hacía de un modo maquinal. En su cerebro surgían fragmentos de ideas semejantes a fuegos fatuos. En cambio, en su alma reinaba una certidumbre, una pasión de la que se daba perfecta cuenta. Oraba fervorosamente, lleno de gratitud y amor, pero pronto se desviaba su pensamiento, se entregaba a otras meditaciones, y al fin olvidaba las plegarias y las ideas que las habían interrumpido.
Prestó atención a la lectura del padre Paisius, pero la fatiga acabó por rendirlo y empezó a dormitar.
—Tres días después se celebró una boda en Caná, Galilea, y la madre de Jesús estaba allí.
Y Jesús fue también invitado a la boda, con sus discípulos.
Boda... Esta idea trastornó el alma de Aliocha.
« Gruchegnka es también feliz... Ha ido a un festín... Desde luego, no ha pensado en el cuchillo. Esto ha sido solamente un grito de rabia. Hay que perdonar a quienes lanzan esos gritos. Son un desahogo, un consuelo. El dolor sería insoportable si no se profirieran... Rakitine se ha ido por la callejuela. Mientras se sienta agraviado, irá por callejuelas... Pero al fin está la gran avenida recta, clara, resplandeciente, llena de sol... ¿Qué está leyendo el padre Paisius? »