Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov He venido para un asunto muy importante; sÃ, de extraordinaria importancia..., por lo menos para mÃ... Verá usted...
—Todo eso lo sé, Dmitri Fiodorovitch. No se trata de un presentimiento, de una anticuada creencia en los milagros... ¿Ha oÃdo hablar de lo ocurrido al starets Zósimo?... Esta visita era inevitable; usted tenÃa que venir después de su comportamiento con Catalina Ivanovna.
—Es un modo de pensar realista, señora... Pero permÃtame que le explique...
—Usted lo ha dicho, Dmitri Fiodorovitch: un modo de pensar realista. El realismo es lo único que ahora tiene valor para mÃ. He perdido la fe en los milagros. ¿Se ha enterado usted de la muerte del starets Zósimo?
—No, señora, no sabÃa nada de este asunto —repuso Mitia con gesto de sorpresa. Y en seguida pensó en Aliocha.
—Ha muerto la noche pasada...
—Señora —le interrumpió Mitia—, yo sólo sé que estoy en una situación desesperada y que, si usted no me ayuda, todo se irá abajo, y yo seré el primero en hundirme. Perdone la vulgaridad de la expresión, pero la fiebre me abrasa.