Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Pero aquà estoy yo, que he pensado por usted. Hace un mes que lo vengo observando. Cada vez que le he visto pasar me he dicho: «He aquà un hombre enérgico, cuyo puesto está en las minas.» Me he fijado incluso en su modo de andar, y estoy convencida de que usted descubrirá algún filón.
—¿Sólo por mi modo de andar, señora?
—Pues sÃ. ¿Acaso no cree que se puede deducir el carácter de una persona por su manera de andar? Las ciencias naturales demuestran este hecho. Ya le he dicho que ahora sólo me atengo a la realidad. Desde que me he enterado de lo sucedido en el monasterio (suceso que me ha afectado profundamente), he adoptado el realismo. Desde ahora, siempre procederé con un sentido práctico. Estoy curada del mal del misticismo. «Basta», como ha dicho Turgueniev.
—Bien, señora; ¿pero qué me dice de esos tres mil rublos que usted me ha ofrecido tan generosamente?...
—No tiene nada que temer; es como si los tuviera en el bolsillo. Usted tendrá no tres mil, sino tres millones, y muy pronto. Le voy a exponer mi pensamiento.