Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Usted descubrirá una Mitia, ganará millones y cuando regrese, será un hombre de acción capaz de guiarnos hacia el bien. ¡No debemos abandonarlo todo a los judÃos! Usted construirá edificios, fundará empresas y se ganará la bendición de los pobres socorriéndolos. Estamos en el siglo del ferrocarril. Usted se atraerá la atención del Ministerio de Hacienda, que, como nadie ignora, está en situación apuradÃsima. La baja de nuestra moneda me quita el sueño, Dmitri Fiodorovitch.
Usted no sabe lo que me preocupan estas cosas.
—Oiga, señora —dijo Mitia, inquieto—. Seguramente seguiré su prudente consejo... Iré allá lejos..., a las minas de oro..., y cuando vuelva hablaremos... Pero ahora necesito esos tres mil rubios que usted tan generosamente me ha prometido.
De ellos depende mi salvación. He de tenerlos hoy mismo. No puedo perder ni siquiera una hora.
—¡Basta, Dmitri Fiodorovitch basta! Una pregunta: ¿está dispuesto a ir a las minas de oro o no? Respóndame categóricamente.
—Iré, señora, iré. Iré a donde usted quiera. Pero ahora...
—Espere.
Se dirigió a una elegante mesa de despacho y empezó a buscar en los cajones.
«¡Los tres mil rublos! —pensó Mitia, incapaz de contener su excitación—. Y