Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —SÃ, Dmitri Fiodorovitch; eso es precisamente lo que usted necesita, lo que le trastorna sin que usted se dé cuenta. A mà me interesa mucho el feminismo. Mi ideal se cifra en el progreso de la mujer, a incluso en su papel polÃtico en un porvenir inmediato. Tengo una hija, Dmitri Fiodorovitch, cosa que todos parecen olvidar. Una vez escribà a Chtchedrine hablándole del problema feminista. Este escritor me ha abierto tan amplios horizontes acerca de la misión de la mujer en la vida, que el año pasado le dirigà estas dos lÃneas: «Le estrecho contra mi corazón y le beso en nombre de la mujer moderna. ¡Adelante!» Y firmé: «Una madre.»
Estuve a punto de firmar: «Una madre contemporánea», pero vacilé, y al fin me limité a escribir: «Una madre.» Resultaba más serio, Dmitri Fiodorovitch.
Además, la palabra «contemporánea» habrÃa podido recordarle El Contemporáneo, cosa desagradable, dado el rigor de la censura actual. Pero, por Dios, ¿qué le sucede?
De pie y con las manos enlazadas, Mitia suplicó:
—Señora, si no quiere que me eche a llorar, entrégueme ya lo que tan generosamente...
—¡Llore, Dmitri Fiodorovitch, llore! Las lágrimas le allanarán el camino que le espera. El llanto es un agradable desahogo. Más adelante, cuando vuelva de Siberia, reiremos juntos...