Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Ya que es usted tan buena, señora, permÃtame que le diga algo que, a lo mejor, ya sabe usted... Amo a cierta joven. He traicionado a Katia, digo, a Catalina Ivanovna. He sido inhumano, innoble... Amo a otra, a una mujer que seguramente usted desprecia, pues la conoce, pero no puedo dejarla. AsÃ, esos tres mil rubios...
—Abandónelo todo, Dmitri Fiodorovitch —le interrumpió, tajante, la dama—. Y
especialmente a las mujeres. Su objetivo son las minas. En ellas no tienen ningún papel las mujeres. Más adelante, cuando usted vuelva célebre y rico, hallará una buena amiga en la más alta sociedad, una compañera joven, moderna, rica y sin prejuicios. Pues entonces el feminismo ya habrá triunfado y la mujer nueva habrá aparecido...
—Bien, señora; pero no es eso, no es eso lo que... —empezó a decir Dmitri, uniendo las palmas de las manos con un gesto de súplica.