Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Déjame, quiero hacerlo.
El funcionario gruñó. Micha bebió, saludó y se fue.
—Asà se acordará más tiempo de mÃ... ¡Amo a una mujer! ¿Qué es la mujer? La reina de la tierra. Estoy triste, Piotr Ilitch. Acuérdate de Hamlet. «Estoy triste, muy triste, Horacio... ¡Ay, pobre Yorick! » Tal vez yo sea Yorick. SÃ, ahora soy Yorick, y muy pronto seré un cráneo.
Piotr Ilitch lo escuchaba en silencio. Mitia enmudeció también.
De pronto, Dmitri vio en un rincón un pequeño sabueso de ojos negros y preguntó distraÃdamente a un empleado:
—¿Qué hace aquel perro all�
—Es el sabueso de Varvara Alexeievna, nuestra patrona —repuso el empleado—. Se lo ha dejado aquà por olvido. Habrá que llevárselo a su casa.
—Yo vi uno muy parecido en el cuartel —dijo Mitia, absorto—. Pero aquél tenÃa rota una de las patas traseras... Oye, Piotr Ilitch; quiero hacerte una pregunta:
¿has robado alguna vez?
—¿A qué viene eso?
—Me refiero al dinero que se quita a otro, no al Tesoro Público, al que todo el mundo defrauda lo que puede, y tú el primero, sin duda...