Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Asà debe estrecharse la mano —dijo Gruchegnka con un esbozo de sonrisa.
La joven habÃa deducido de la actitud de Mitia que éste no armarÃa escándalo, y lo observaba con una curiosidad no exenta de inquietud. HabÃa en él algo que la sorprendia. Nunca habrÃa creido que se condujera de aquel modo.
—Buenas noches —dijo con empalagosa amabilidad el terrateniente Maximov.
Mitia se volvió hacia él.
—¿Usted aqu� ¡Encantado de verle!... Escúchenme, señores...
Se dirigÃa otra vez al pan de la pipa, por considerarlo el principal personaje de la reunión.
—Señores, quiero pasar mis últimas horas en esta habitación, donde he adorado a mi reina... ¡Perdóneme, panie!... Vengo aquà después de haber hecho un juramento... No teman. Es mi última noche... ¡Bebamos amistosamente, panie!...
Nos traerán vino. Yo he traÃdo esto...
Sacó el fajo de billetes.
—¡Quiero música, ruido...! Como la otra vez... El gusano inútil que se arrastra por el suelo va a desaparecer... ¡No olvidaré este momento de alegrÃa en mi última noche!...