Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov — Mozesz a to rachowac —dijo despectivamente el pan de largas piernas.
—¿Otra vez? —exclamó Gruchegnka—. Déjenle hablar. Dice cosas que tienen gracia.
—Yo no impido hablar a nadie, pani —dijo el pan de la peluca, acompañando sus palabras de una mirada expresiva.
Y siguió fumando.
Kalganov se acaloró de nuevo, como si se estuviera tratando de un asunto importante.
—El pan tiene razón. ¿Cómo puede hablar Maximov no habiendo estado en Polonia? Porque usted no se casó en Polonia, ¿verdad?
—No. Me casé en la provincia de Esmolensco. Mi prometida habÃa llegado antes que yo, conducida por un ulano y acompañada de su madre, una tÃa y otro pariente que tenÃa un hijo ya crecido. Todos eran polacos de pura cepa. El ulano me la cedió. Era un oficial joven y gallardo. HabÃa estado a punto de casarse con ella, pero se volvió atrás al advertir que la joven era coja.
—Entonces, ¿se casó usted con una coja? —exclamó Kalganov.
—Si. Los dos me ocultaron el defecto. Yo creÃa que andaba a saltitos llevada de su alegrÃa.
—¿De su alegrÃa de casarse? —preguntó Kalganov.